Entradas

Mostrando entradas de abril, 2010

No hagáis lo que yo hago; siempre, hacedlo mejor

Poco queda de esa niña de diecinueve años. Poco o nada. O simplemente la inmadurez propia de la edad que se tiene en ese momento; la que tenía con diecinueve y la que rozo ahora con la treintena.

¿Nunca has sentido que se ha equivocado el tiempo? Yo sí, infinidad de veces. Se equivoca el tiempo. Se equivocan los minutos, los segundos, las vivencias, las personas. Yo también me equivoco; yo me equivoco la que más. Y pienso que debería estar viviendo las oportunidades de los diecinueve. Y creo que sería en este momento cuando actuaría como debo, como toca, sin ñoñerías ni caprichos. Y no me equivocaría como antaño. Y apelaría a mi inmadurez para preguntar porqués que todavía no entiendo. Y entendería más de mí de lo que ahora lo hago.

¡Qué caprichoso es el segundero cuando gira a la izquierda en vez de a la derecha!

Es complicado no entender el presente pero sí otras conjugaciones verbales. Es difícil explicar qué se tiene en la cabeza cuando lo único que ves son frases sueltas e inconexas…

Permanente y efímero. Más de 365 días

Todo es permanente; y efímero.

365 días no son más que un puñado de números, de semanas, de momentos y de recuerdos. No son más que un comienzo y fin permanente. No son más que recordar recuerdos y olvidar olvidos.

Despertarte mirando tejados. ¡Qué gozada poder ver las antenas, las tejas, el cielo desde la cama! Desde mi ventana sólo encuentro suelo, más suelo y paredes levantándose muy por encima de mi. Todo es diferente desde aquí debajo; todo es diferente desde allí arriba.

Y vivir ordenado en el desorden. Y aprender dónde se guardan los cubiertos o qué encontrarás si abres el primer cajón de la mesita. Saber dónde se deja la pasta de dientes o abrir el armario para encontrar un ibuprofeno sin tener que pedirlo.

Todo es efímero; pero sin la angustia por agotar los segundos, no disfrutaríamos las emociones intensas de un momento irrepetible. Todo es permanente; porque nada ni nadie puede borrar los recuerdos.

Porque por muchos 365 días que vengan, yo siempre tendré un 29 de marzo.