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Mostrando entradas de marzo, 2011

Tú pensando en ella y yo pensando en ti

Las paredes todavía rezumaban ese asqueroso olor a húmedo, a vacío, a soledad, a pútrido. El suelo estaba empapado de papeles mojados y enmohecidos. Las puertas, oxidadas, se resquebrajaban en cada empujón. Las rasgadas cortinas filtraban la luz de un soleado día de marzo.

Dejé la maleta al lado de la puerta y salí de aquel círculo de recuerdos sin terminar de cerrar.

Siempre hay un bar abierto. Un bar para los que no quieren tomar nada. Un bar con la suficiente luz como para ver perfectamente a quién tienes detrás tuyo. Un bar de esos en los que puedes jugar con los deseos de tu pareja hasta que entre en extenuación. Un bar para los negocios. Otro, simplemente, para beber cuando lo necesitas.

Eso me gustó de ese lugar, que no había nadie cerca, que no tenía iluminación. Me gustaba que un misterioso halo hacía que los clientes rechazaran la posibilidad de entrar a su interior. Me gustaba que un pequeño farolillo parpadeante iluminara las letras de 'entrada'. Era el bar sin no…