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Mostrando entradas de mayo, 2011

Peligroso olor a formol, jazmines y azahar

Es ese desesperante y adictivo olor a formol que aspiro cuando recorro el pasillo. Es la intensidad de la luz blanca que se torna azulada cuando rebota en los azulejos inertes de las paredes. Es el brillo del suelo metalizado y la manera en que las ruedas se deslizan por el. Es, simplemente, el abrir la puerta y ver como ese cuerpo sin vida espera a que yo dé respuestas a su muerte. Es mirarlo, y abrirlo, y mirarlo, y saber que le pasa. Y diagnosticarlo, más o menos, pero hacerlo con la seguridad del que sabe, o debe saber lo que hace.

No hay nada peor que llevarse el trabajo a casa.

Deseo salir por la puerta, todavía con el pelo mojado de la fría ducha que se lleva las horas de suposiciones, adivinanzas y aciertos; y pensar en lo que ocupará lo que queda de día. Y dar cada paso con el convencimiento de que ayudé a calmar la angustia de quien espera mi respuesta. Y coger el teléfono y llamar a esos dos gamberros que tengo por amigos y que lograrán que esta noche no cierre los ojos pe…