Una de tantas

Estaba en la estación de autobuses. Tenía que recargar el viejo bonobús que sólo salía de la cartera cuando no tenía dinero suficiente para llenar el depósito de gasolina. Delante de mí, una cualquiera como yo. Detrás, otra.

El ambiente estaba crispado. El aire se respiraba denso y mojado. Lo más razonable, el silencio y esquivar polémicas. Lo inevitable, imaginar historias con las medias conversaciones.

Metí la mano en el bolsillo. Saqué algún papel arrugado y la miseria que quedaba en el. Miré al frente, perdí el sentido, entré en otro espectro, en otro aura, en otra dimensión...


Muchas veces no se encuentra el momento en el que coger el papel mojado y la pluma seca.
Muchas veces no se sabe cuando es bueno decir las cosas o ahogarlas en el interior hasta que estallen en mil pedazos.
Muchas veces son muchas veces.

Y sufres un dolor parecido al que se debe sentir cuando pendes de un hilo de vida.
Y respiras profundo aunque no consigas que el aire llegue a los pulmones.
Y sientes ira, rechazo, miedo o dolor.

Hoy gritaría. Pegaría. Lloraría.
Porque dejé de escuchar tu respiración mientras duermes. Porque tuve que aprender a que tus sábanas las mojara otro cuerpo. Porque el roce de tus labios no acariciara mis pechos.

Y si la tuviera delante le partiría la cara.
Y le gritaría que no ha errado más en la vida.
Y le arrancaría todos los recuerdos tuyos, porque no merece tenerlos.



-Perdone, ¿quería algo?
-Sí, pero no está en su mano ni alcanza con estas monedas


Siempre me dijeron que dejara mi trabajo cuando no fuera capaz de follar sólo por dinero. Y que dejara mi ciudad. Y que cambiara de nombre. Y que intentara llenar mi vida con otras historias. Y que creara un pasado distinto al que había llevado.

Y aquí estoy, intentando olvidar quién he sido hasta ahora. Intentando dejar a mis amantes y las pocas alegrías que con ellos me ha dado la vida. Y comparé un billete que me lleve a ningún sitio; y nunca volveré a ser esa mujer por la que todos los hombres paraban en las esquinas.

Y me inventaré esa historia que un día me recomendó quién ahora se acuesta con el único hombre al que he querido.

Fdo. Natatxa Ávila, una cualquiera

Comentarios

  1. :)
    (a mí no me salen comentarios como los tuyos, así que dejo que mi cara hable por mí... aunque quizá salga demasiado esquemática y tampoco se pueda deducir mucho de ella)

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