Asuntos pendientes

Metí en la bandeja de asuntos pendientes un papel cuadriculado con tu nombre en minúsculas. Posiblemente lo escribiría cualquier día que repasando mis fotos encontré una tuya, cuando intenté recordar tu número de teléfono y me lo supe a la perfección, cuando miré desde mi cama la cómoda y ví tu pluma negra sobre el fondo blanco, cuando me dije que no había un recuerdo que no llevara tu nombre.

Los cajones de asuntos pendientes... Dichosos cajones de asuntos pendientes

Una llamada de teléfono. Una visita demasiado planeada. Un café que nunca llega. Un mensaje que dejas sin escribir. Una cena aplazada. Una reunión a la que no acudes. Un regalo de cumpleaños que dejas sin comprar. Un te quiero que no pronuncias. Unos amigos con los que no quedas. Una cuenta de banco que no actualizas. Un motivo que no buscas. Un trabajo que no sabes si aceptar. Un momento que no recuerdas.
Una actualización de blog que está dos días en borradores.
Un quizá que es un nunca. Un cuando que no es un cuando.

¿Cuantas cosas dejamos en asuntos pendientes?
Más de las que debiera. Yo dejo más que nadie. Y me las guardo. Y las repito frente a mi espejo. Y las lloro a escondidas. Y las suplico por las esquinas. Y las olvido entre papeles. Y las digo y las maldigo.

Cuantas cosas dejamos en asuntos pendientes.

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