Testigos de enamorados y amantes

Un poco más, y a lo mejor nos comprendemos luego.

Busqué en el fondo de mis bolsillos cuatro monedas que lanzar en la gorrilla de aquel entrañable señor. Quizá no había tenido suerte en la vida, o teniéndola, no la había sabido aprovechar. Quizá era un enamorado de la vida que había dejado mujeres e hijos por cada puerto del mundo. Quizá ahogaba entre anises la mala suerte de enamorarse de una dama de la luna. Quizá su guitarra era la única compañera que le quedaba y la manera de ganarse la vida. Quizá, quizá. Siempre es quizá.

Era un asiduo de la estación. Llegaba antes que yo y se iba cuando la noche había caído y los trenes eran testigos de enamorados y amantes. Se sentaba en la esquina de la cafetería. Justo en el límite de lo permitido por unos y otros. Sacaba su púa del bolsillo y la rasgaba entre susurros contra las cuerdas.

Yo llegué a la estación, como cada viernes, cuarenta minutos antes de que saliera mi tren. Me quedaba viendo el panel con las horas y las vías y planeaba que podía hacer hasta que cogiera mi billete a casa. Alrededor de mi se tejían historias de amores, de desamores, de amistades, de encuentros y desencuentros. La gente iba y venía y dejaba escenas expuestas a que unos y otros las completáramos a nuestro antojo. 

Vi a los dos jóvenes de siempre. Los que se miraban y se querían en cada suspiro. Los que se apretaban fuerte para coger el calor de sus cuerpos y recordar el aroma de sus cuellos hasta que volvieran a encontrarse. Los miré y se dieron cuenta, y me miraron sin soltarse y sonrieron conmigo.

Dí la vuelta mientras sacaba mi móvil del bolsillo y peleaba para que mis inconscientes dedos no marcaran ningún número de teléfono que no debiera. Allí estaba mi compañero de los viernes, al mismo girar los pies en medio de la estación, con su entrañable mirada. Con su gorrilla en el suelo. Con su expresiva cara y sus boleros de toda la vida. Con sus notas desafinadas y sus estrofas inventadas.

-Buenas tardes, ¡cuánto tiempo!
-Hoy pago yo el café, te lo has ganado, me has recordado.-Y buscó entre las monedas recaudadas las justas para pagar dos amargos cafés de barra.
-No te lo permito, invito yo.

No nos conocíamos de nada. Nunca habíamos hablado más de cuatro palabras. Ni siquiera sabía por quién tendría que preguntar, ni dónde, si algún día quisiera buscarlo por la ciudad. No sabía en quién pensaba cada mañana al despertar, porque todos pensamos en alguien al despertar, ni cuales eran sus últimas palabras antes de meterse en la cama. Por no saber, ni sabía nunca si volvería a verlo a la siguiente semana. Era una relación extraña. Esa que no tienes pero que necesitas, o así lo crees. Un vínculo que no iba más allá de rebuscar en mi bolsillo su nómina del día y el agradecimiento inagotable de quien tenía delante. Yo le pedía una canción y él siempre me recordaba que con esas letras estaría sola en la estación tantas veces como me viera. 

-Un cortado, por favor, y un carajillo de anís.-dije mirando al camarero.-¿Podrías tocar El Reloj?-le pregunté, mientras, a mi amigo improvisado.
-¿Otra vez? Así nunca te veré acompañada en el andén de esta estación.

Sonreí, no podía hacer otra cosa si los dos pensábamos lo mismo aunque sólo él se atreviera a decirlo. 

Pegué el último trago de mi café; el más doloroso, el más amargo, con el que piensas en el siguiente y que no sepa como estos últimos posos. Me despedí de mi amigo el gorrilla y le dije que ya no volvería por aquellas vías más viernes, ni sábados, ni lunes. Y le pedí que si algún día quisiera encontrarme, me buscara entre los boleros que él cantaba, porque allí estaría. 

Salí andando pesada, arrastrando mi maleta y conteniendo las lágrimas. Suspiré en cada paso y recordé cada sonido, cada esquina, recordé cada recuerdo. Me dí cuenta de los besos y las caricias que dí en aquella estación y que quedaron aparcados en ese momento, y los cafés, y los teléfonos, y las personas.

Me monté triste en aquel tren pensando que ese hombre tenía razón.

Comentarios

  1. Sin nombrarlo,lo nombras (Luis Miguel. Cómo se notan los aires latinos...

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  2. A ver si actualizamos yaaaaaaaa!!!

    Sara estoy Liter Alba, está claro es Luis Miguel de quien hablas...

    :) jiji

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