A la sombra de los cipreses



Morirse debe ser una putada. Como vivir en algunos casos. Imagino. Pero sobre todo, morir requiere un ejercicio de valentía y humildad que se escapa a mis entendederas.

Iba a presentarme, decir quién soy, pero eso es lo de menos.

Es jodido hablar de la muerte, ¿verdad? Quizá es jodido hasta pensar en la muerte. Pero irremediablemente te cruzas con ella en muchos momentos. La miras. Te mira. Y quién sabe quien elige. Yo. Tú. Ella.

Uno de los sitios en los que es más común verla es por los pasillos de los hospitales. Seguro que alguien pensó en un cementerio o un tanatorio. Claro. También. Pero en los hospitales va, como por su casa, con una gran sonrisa pintada de rojo y tacones de aguja. (Siempre pienso en la figura de una mujer espectacular cuando tengo que intentar ponerle cuerpo y forma a esa ‘cosa’ desagradable que a todos nos toca en algún momento simplemente por el hecho de estar vivos). Allí, en los hospitales, se regocija en algunas plantas, en algunas habitaciones y en algunas personas. Y estoy seguro que juega con ellas. Ni las coge, ni las deja, ni todo lo contrario. Aunque también podemos pensar que es una fuerza mucho más superior y mucho más blanca, limpia y transparente la que decide cómo, cuándo y dónde deben suceder las cosas; el vivir y el morir. Eso si consideramos a la muerte como ese personaje oscuro y tenebroso que nos arranca de la vida (y siempre y cuando la vida sea clara y ¿cuál sería en este caso el antónimo de ‘tenebroso’?).

Sea de la forma que fuere, pensemos en esas personas que ven que se apagan, lentamente, y que poco a poco están más cerca de sumar otro nombre a la sombra de los cipreses. Valentía y humildad. Creo que el morirse de esa forma necesita de esos dos términos. Valentía de ver cómo se van (yo creo que desesperaría en el camino) y la humildad propia de cada persona para enfrentarse a ese momento. Depender de otras personas y agradecer cada uno de los pasos, movimientos, caricias o acciones que hacen por ellos no tiene que ser sencillo y requiere de ‘haber sido bueno’, que escuché un día que decían otras personas.

Reflexiones de un domingo cualquiera, en un lugar cualquiera.

Comentarios

  1. Creo que tienes razón! Es en los hospitales donde se regocija tú si,tú mañana y tú.....me lo pensaré. Me ha gustado el post.Felicidades

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Acabo de leer que lo tenía! :))
      Me alegro que te guste.
      Un saludo!

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  2. Es una dama de blanco. Una belleza nórdica. Su fria presencia infunde angustia en los corazones. Pero su presencia no es su arma. Su mirada. Cuando te mira con sus inertes ojos grises desaparece la angustia, el miedo, el dolor, el calor, el frio....

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    1. Qué bonito esto que has escrito. Es un poco así.
      Un saludo y gracias por pasarte! :))

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