Fechas. Números. Días. Gilipolleces.

-Anoche la Lola me tenía preparada una cena cuando llegué a casa.
-¿Una cena? ¿Qué tripa se le ha roto?
-Ni ella misma lo sabe. Me habló de fechas. ¡Qué fechas ni qué diablos!- Se tocaba la cabeza mientras abocaba el vaso para que el ron sorteara los cubitos de hielo y así llegara a su boca.
-¡Ja! Fechas. Las mujeres son raras, no le des más vueltas.- Hizo una pausa para pedir otra ronda de copas -Bueno, ¿y qué tenías que celebrar?
-Dijo que era nuestro aniversario.
-¿Aniversario? Juraría que te casaste en febrero.
-¡Cabrón no se te debe olvidar en la vida! No dejaste una mujer con las bragas puestas...
-¡Pocas quedaron! Es cierto. La Lola y vuestras madres por respeto- Simón hizo una breve pausa para recordar esos placenteros momentos mientras soltaba alguna que otra risa picara.
-Quizá sea otro tipo de aniversario- se escuchó desde la esquina de la barra.
-¡Sí! ¡Quizá sea el primer día que me la follé! ¡Ja! ¡Ja!
-Puede ser una simple caricia.
-Llevas razón, Ernesto, las mujeres son los bichos más raros que existen.

Manuel se levantó del inestable taburete en el que estaba sentado, apagó la colilla que humeaba en el cenicero y bebió un profundo trago de su gran copa de Gyn Tonic.

Estudio Color
se había convertido en un antro demasido peculiar. No era un pub con aglomeraciones pero había conseguido fijar una clientela con la que esquivar malas rachas pasadas. Anteriormente había sido un bar de barrio. Luces suaves, tenues, tranquilo. Con ese olor a tabaco pegado en las paredes y el suelo de madera desgastado por miles de pisadas. La música ochentera de fondo no obligaba a subir la voz para hablar y aún así podías enterarte de cualquier conversación del bar sin necesidad de prestar demasiada atención.

La clientela fija estaba compuesta por diez o doce hombre cuarentones que encontraban en los vasos rayados de Estudio Color, la excusa perfecta para beber todas las noches tres o cuatro copas de más. Pero desde hace algunos meses tenían que compartir su sagrado lugar de reuniones impovisadas con otro tipo de gente. Solitarios, bebedores, depresivos o algún que otro melancólico de las noches de juventud.

-¿Puedo sentarme?- preguntó Manuel mientras sujetaba el taburete más próximo a Ernesto.
-Puedes hacer lo que te de la real gana, pero no tengo el más mínimo interés de cruzar dos palabras contigo. Nunca se sabe, viejo Simón, si no sa nos pegará algo de estos malnacidos por estar en el mismo bar que nosotros.
-Quizá es una fecha que para ella es especial.- Comenzó a hablar Manuel ignorando el último comentario de Ernesto- No tiene nada que ver con follar ni con bodas ni con besos o caricias. Una simple mirada es suficiente para marcarlo en el calendario y celebrarlo de vez en cuando.- Volvió a encender un cigarrillo y perdió su mirada entre el humo y las botellas medio vacias de la barra- Yo celebraba todos los 29 de marzo. Y era un día como otro cualquira. Una fecha. Un par de números señalados al azar. Días sin importancia para el resto de la gente. Una gilipollez de las mías. Y lo único de especial era que pude verla dormir a mi lado, y quererla, y pasar la tarde juntos arropados por una manta. Para mí ese 29 de marzo tenía otro color en el calendario.
-Pero es que yo no tengo ningún 29 de marzo. Creo que nunca he estado abrazado a mi mujer por el simple hecho de estarlo. No recuerdo los días que hace que no la veo dormirse a mi lado.
-Pues quizá celebraba el poder empezar a hacerlo.

Ernesto se quedó pensativo.

-¿Y qué pasó con ese 29 de marzo? ¿Seguís juntos ahora?
-Nada. No pasó nada. Era un día como otro cualquiera. Pero todavía lo recuerdo y lo celebro, a veces. Recuerdo ese día con cariño y nostalgia. No sé si he dejado de quererla.

Comentarios

  1. Querida Sara:
    Me ha gustado mucho tu relato,relato repleto de emociones,sensaciones, ilusiones rotas...
    Tambíén las fechas para mí marcaron mucho, al igual que tengo un 29 de marzo, en diciembre tengo el 1, el 6 y el 20, y si me paro a pensar seguro que recordaré alguno más. Yo espero que algún día Manuel pueda recordar el 29 de marzo del modo en que yo recuerdo mis fechas, sin dolor, con cariño, amor, dulzura, y con una sonrisa al pensar que yo lo viví, lo disfruté y lo guardaré en mi corazón por siempre.

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