Yo no soy Jesi y tú no eres Cata

Cuanto puede dar de sí un mes cuando los días tienen más de veinticuatro horas.
Si pienso en el 16 de noviembre me vienen sensaciones de dolor, recuerdos de lágrimas y frustración; y sabores agridulces.
¡¡Cuanto puede dar de sí un mes cuando los días tienen más de veinticuatro horas!!

Quizá sea un síntoma de desequilibrio, de dejadez o de anhelo por verme reflejada en las canciones y personajes de la tele, pero encuentro similitudes entre mi vida y la de cualquier "desgraciada" que llora por las esquinas y aspira a una vida mejor rodeada de príncipes y princesas.

Un día fui una princesa; un día volveré a serlo. Y miraré por la ventana hasta ver un carro dorado debajo de mi puerta. Y esperaré a que en un 14 de febrero pinten mi nombre con pétalos de rosa en un parque. Y abriré el buzón diariamente con la esperanza de encontrar un trozo de tela impregnado de tu perfume.

Pero hasta entonces me dejaré seducir por las historias de la tele: por esos amores imposibles entre narcotraficantes y muchachas de barrio; por esas historias truncadas entre proxenetas y apuestos médicos... Y me alegraré de que sólo sea seducción: y yo no ser Cata y tú no ser Jesi; y de que no me digas que necesitas vivir tu vida y ser feliz porque es tu turno; y de que no me cantes una canción de despedida de esas que yo susurro en los conciertos; y de que todo siga y que fluya y que consiga ser quien realmente soy.

Porque los cuentos son cuentos y las historias son historias.
Porque todo es más sencillo que escribir párrafos y que resulten coherentes.
Porque Cata es Cata.
Porque tú no eres Jesi.

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